«Charlie Parker es uno de los escasos jazzmen que ha aportado dignidad y significado a la palabra “genio”, vocablo del que tanto se ha abusado», aseguran las enciclopedias.
Otra ficción famosa que rescata su figura es el cuento largo de Julio Cortázar, El perseguidor, donde oculto bajo el nombre de Johnny, aparece en su etapa parisino como un músico obsesionado por el tiempo, que tiene la sensación de que lo que toca, en realidad lo está tocando mañana. "'Esto lo estoy tocando mañana' —le hace pensar Cortázar a su narrador, Bruno— se me llena de pronto de un sentido clarísimo, porque Johnny siempre está tocando mañana y el resto viene a la zaga, en este hoy que él salta sin esfuerzo con las primeras notas de su música".
Una anécdota de las tantas que hay sobre la vida de Charlie Parker lo imagina llegando a Chicago, en un viaje parecido a una huida, sucio y en harapos. Acto seguido, por la noche toca como nadie nunca había tocado jamás. Trabajó de lavaplatos en un local donde tocaba Art Tatum y por temporadas no tenía instrumento que tocar, porque los empeñaba o incluso los perdía. Pero para él, "lo peor era que nadie comprendía mi música". Cierta vez, tocando en la banda de Count Basie, el baterista Jo Jones le arrojó un platillo a la cabeza y Parker se fue llorando. Los días siguientes se lo vio con los ojos irritados de tanto llorar.
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